jueves, 3 de septiembre de 2009

Últimos días de verano

¿Qué os parecen las tormentas de verano? A mí, de pequeña, me encantaban. Sobre todo cuando veraneaba en un camping de León, al lado de Valencia de Don Juan, y escuchaba los goterones caer en el techo de la caravana, o en el avance. Adoraba la sensación de estar resguardada del frío, la lluvia y el viento. Igual que en los últimos días de verano, en que ya sacaba los vaqueros largos y una sudadera (al menos en el norte), y guardaba las sandalias, para bajar a las fiestas de Versalles. En serio, la sensación de estar resguardada y protegida del posible frío era algo que me encantaba.

Ahora, esa sensación me sigue pareciendo buena, pero no tanto como antes. Porque este verano, no ha sido verano, ni ha sido , porque no tuve tiempo, ni hizo tiempo para ir a la playa. Un verano de curranta, como diría mi madre. Todo esto viene a que ya tengo puestos los playeritos, y los vaqueros largos (aunque no llegué a guardarlos del todo), y que estos días está haciendo un tiempo de perros. Ayer me sentía como si ya fuese pleno otoño, y hoy... bueno, casi ni hablamos. Por la mañana hacía hasta calor, y como he tenido la tarde libre me decidí a salir a correr (porque el gym está cerrado) por el paseo litoral de la ría, que se puede coger aquí a 500 metros de mi casa, y da toda la vuelta al litoral de la ría hasta llegar a la playa de Morouzos (para más info: http://www.concellodeortigueira.com/turismo/intro3.php?txt=turismo_rotas&lg=cas, la de color amarillo). Tiene unas vistas brutales, y unos rincones como éste:
Ahí, al borde de la pasarela, me senté un rato a descansar y a escuchar el agua romper contra los pilares, con el viento acariciándome la cara. Me relajó mucho.
Bueno, a lo que iba. Salí a correr, pero estoy fatal de forma, y tuve que parar al llegar a las escaleras que dan al camino de tierra. No debí de llegar a correr ni dos kilómetros, ¡patético! Luego, fui caminando hasta llegar a éste lugar, donde me relajé (5 minutos) de mi frustrada salida deportiva, y luego seguí con la ruta. Caminé hasta la salida a la carretera, y luego por el asfalto pude continuar corriendo un rato. Peeeero, llegó un momento en que el asfalto se acabó, volví al camino de tierra y a los miles de escaleras (sí, escaleras, tropecientas p'arriba y otras tantas p'abajo. Demasiado desnivel), con lo cual caminé otro ratito, hasta llegar a la playa, donde fui a ver la laguna (agua estancada y muchos bichos xD), y luego exploré un poco por la zona del arenal de la ría, justo antes de la desembocadura. No se otros días, pero lo que es hoy, no había nada. Más tarde (aquí viene el quid), cuando ya me había mentalizado para volver a trotar cochineramente ¡empezó a llover! Benditas tormentas de verano... Si ya me fatigaba poco con toda la humedad de la zona, y el taponamiento de nariz que arrastro (¿qué? ¿os suena a excusa? Pues totalmente cierto, al igual que estoy en pésima forma), el agua cayendo sobre mi sudadera del cártel de DOUAI, y el viento soplando en mi contra tampoco me ayudaban demasiado. Por suerte, y como toda tormenta veraniega, a los 10 minutos no quedaba nada. Salvo yo, empapada, por supuesto. Fue un alivio llegar a casa, pero no tanto cuando confirmé que lo que había notado en la planta del pie, arco longitudinal interno, era una rozadura. Ahora tengo el pie con dos parches para las ampollas, a ver si tengo suerte y no sufro demasiado. ¿Algún consejo para la próxima vez?
Pd: Madre mía, ¡releyendo mis entradas me he dado cuenta de que soy una quejica patológica! Y, sin embargo, soy feliz de la vida. Que irenía... estooo, ironía, ¿no?

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